Jerusalén

Esta es una versión al español de Jerusalem, la hermosa pieza compuesta por Hubert Parry en 1804, considerada el segundo himno de Inglaterra. El rey Jorge V, al escucharlo por vez primera, dijo preferirlo al himno oficial británico, God Save the Queen.

No me aventuré, sin embargo, a una traducción del poema original, en el que Blake exalta el deseo de refundar la tierra santa en las verdes y apacibles colinas de Inglaterra. Este modesto ejercicio le canta a la nostalgia del migrante, condición que comparto con millones de seres humanos, origen y destino de innúmeras penurias, heridas y lamentos.

Ojalá la ternura de estos versos, como bálsamo servido a manos llenas, pueda aliviar el corazón de alguno de mis hermanos trashumantes en esas tardes demasiado pobladas de añoranza y lejanía.

Un día azul, de cara al mar,
ante el océano sin fin,
descansarás de tanto andar
y la verdad será en ti.

Bajo tus pies, arena y sal,
de la que nunca hubo que huir;
sobre tu piel, la misma edad
del ayer y del porvenir.

Entre la espuma y bajo el sol
recordarás cuál es tu hogar:
entre las olas del fervor
retornará tu antigua paz.

Cuanto buscaste con ardor
lejos de aquí, en ultramar,
siempre amoroso te esperó:
Jerusalén, en ti, está.